Resurrection Fest es un festival que se desarrolla desde el 2006 en la localidad de Viveiro, España, Está dedicado a público de bandas punk, hardcore y metal y este año se hizo famoso con una fotografía que se convirtió en viral: Un chico con parálisis cerebral y usuario de silla de ruedas, fue parte del «crowdsurfing» en presentaciones de bandas como Trivium, Arch Enemy y Gojira. Mientras el público lo levantaba, un fotógrafo capturó el momento y la imagen dio la vuelta al mundo. 

La verdad es que esto no es nuevo, estas actitudes se repiten en muchos conciertos de este tipo (tal vez es la primera vez que se fotografía). A pesar de tener localidades dedicadas a público con movilidad reducida, muchas veces ellos pueden moverse por la infraestructura disponible si lo desean y en este caso, fue el mismo asistente el que pidió a quienes se encontraban a su alrededor que lo levantaran. Es España, es 2019, si esto te sorprende puede ser por muchas razones que tal vez es momento de analizar.

¿Has pensado realmente en todas las personas que trabajan para que disfrutes un espectáculo (sin contar a los artistas)? ¿Y en las personas con discapacidad que intentan llevar una vida «normal», a pesar de encontrar todos los días un impedimento en la sociedad que no se los permite al 100%? o más simple ¿Por qué cuando la gente realiza acciones no egoístas, o genera espacios de inclusión te sorprende? Si algo como esto te asombra, tal vez eres tú el que está mal, tal vez eres una víctima más de una educación regida por el individualismo.

El individualismo es enceguecedor, es importante que seamos capaces de reconocerlo y entender que los tiempos han cambiado y han evolucionado las dinámicas y los contenidos valóricos que están impregnados en nuestro desarrollo personal. Es tiempo de abandonar las excusas y enfrentarnos a que: Nro 1, ya no podemos culpar a nuestros padres por habernos educado de esa forma (somos adultos responsables que sabemos y podemos corregir). Nro 2, no podemos ser tan caradura y dejarle esa tarea a «las próximas generaciones» y Nro 3, da igual la edad que tengas, debemos hacernos cargo desde dónde nos encontremos. Ahora ¿Cómo lo logramos?

Existen diferentes formas de mejorar nuestro trato con quienes nos rodean, y tal vez el que más nos compete tiene que ver con nuestra habilidad para comunicarnos. En el habla se transmite la mayoría de nuestra materia prima valórica, especialmente cuando establecemos las distancias y las simetrías con nuestros interlocutores.

Julian Treasure en una de sus charlas TED nos habla sobre el poder del discurso, dice que para ser escuchados, debemos abandonar los siete pecados capitales al hablar. Para Julian, éstos son: hablar mal a espaldas de otra gente, juzgar o hallar deficientes a otros, ser negativos, quejarnos, excusarnos, culpar a otros y no hacernos responsables (mentir) y finalmente el dogmatismo. Para lograrlo nos presenta cuatro pilares donde establecernos: Honestidad (ser rectos), autenticidad (ser uno mismo), integridad (ser tus palabras) y Amor (desearle bien a la gente).

En resumen los siete pecados, al hablar, son malos hábitos que si los abandonamos, lograríamos ser oídos, respetados y en consecuencia ser seres humanos más exitosos, pero como para nosotros los malos hábitos consisten de materias menos trascendentes o vacías de sentido, como fumar, comer a deshoras o dormirnos tarde esto nos suena a algo lejano o de poca importancia.

Si ves una actitud que te guste en otro ¿podrías imitarlo? La bondad, la educación, el respeto, saludar al conserje, al chofer de micro, al personal de aseo y a tus compañeros de trabajo. Si te das cuenta esto no es una competencia, pero necesitamos volver a comunicarnos, necesitamos perder la vergüenza y cuidar el planeta de todo tipo de contaminaciones. Todos sabemos que no pasa nada y no quedaremos en ridículo por un buen gesto, pero ¿Estás dispuesto a hacerlo? Extrañamente ser educados o ser amables se cree que refleja menos liderazgo, pero la empatía es fundamental para ser líderes.

Christine Porath (en otro TEDtalk) postula que pequeños actos de mala educación, pueden traer problemas mucho más serios como la violencia y la agresión. La incivilidad (ser irrespetuosos, hirientes, ofensivos, rudos, burlarse, menospreciar, etc) es contagiosa y debemos curarla. Nos cuenta que una de las razones principales en el fracaso en las empresas es tener un trato insensible y acosador y aunque, tarde o temprano la mayoría de los irrespetuosos sabotean su propio éxito, pequeñas cosas como sonreír o saludar en el pasillo, escuchar con atención cuando hablan contigo, no usar el teléfono en reuniones y en general ser cortés también son detalles que contribuyen en gran medida al triunfo. Explica que ser cortés no es solo motivar a otros, nos lleva a ser vistos como líderes porque ser tratados con respeto es más importante que el reconocimiento y la apreciación, y esas son las pequeñas cosas que hacen la diferencia y generan alto impacto. Dar las gracias, compartir méritos, preguntar con humildad, reconocer a los demás, sonreír, probablemente creará ambientes cordiales más productivos, creativos, sanos, colaboradores, felices.

Sería genial tomar esto como un desafío, como una oportunidad de aprendizaje, tomar los siete pecados del habla y extirparlos de nuestro vocabulario, actuar con civilidad y empatía cada vez que observamos e interactuemos, compartir con nuestro entorno. La tarea es ardua, pero es completamente personal (no individualista), solo de ese modo podemos ayudarnos y ayudar a los demás a superarse no solo en el trabajo, en el día a día. Todos ganamos.

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